A finales de 1940

Contexto inmediato

A finales de 1940, la Alemania nazi había asesinado ya a unos 100.000 judíos en toda Europa. En Rumania, por ejemplo, uno de los países más antisemitas antes de la guerra, fue eliminada la mitad de su población judía tras el estallido de esta: más de 350.000 judíos fueron asesinados por parte de los Einsatzgruppen y de las propias tropas nacionales rumanas.150

A partir de 1941, cuando el asesinato en masa de judíos se convirtió en política de Estado, la cifra aumentó exponencialmente; solo ese año, murió 1.000.000.151 En julio de 1941, el Reino Unido, a través del desciframiento de códigos, era ya conocedor de las masacres de judíos soviéticos.152

A lo largo de ese año, fue la política genocida efectuada contra los judíos rusos la que, habiéndose iniciado la invasión de la Unión Soviética, monopolizó la atención de los jerarcas nazis, política que se encuentra en el origen mismo del Holocausto.

Tras una primera instrucción de Heydrich el 17 de junio a los comandantes de los Einsatzgruppen acerca de la puesta en práctica de la Solución final,153 en una orden del 2 de julio de 1941, él mismo realizó una serie de indicaciones genéricas a los jefes superiores de las SS y la policía en el este sobre la necesidad de matar judíos, saboteadores, subversivos y funcionarios del Komintern (además de instigar a las poblaciones locales para desencadenar pogromos contra los judíos). La limitación del alcance de la orden parece ser una estratagema con el fin de justificar de alguna manera los fusilamientos en masa que la Wehrmacht y otras autoridades estaban ya practicando.

 

 

Ya el 3 de julio, por ejemplo, el jefe del Einsatzgruppen en Luzk había fusilado a 1.160 judíos para, como declaró, dejar su marca distintiva en la ciudad. Los pelotones de la muerte del Einsatzgruppen A en el Báltico llevaron a cabo una interpretación especialmente liberal de la orden. El Einsatzgruppen acabó realizando una gran contribución al asesinato de cerca de un total de dos millones de judíos rusos; solo el Einsatzgruppen A, a principios de enero de 1942, informó de la «ejecución» de 229.052 judíos.154

Es probable, por tanto, que en esas reuniones informativas hubiese habido ya indicaciones indirectas de aniquilar a los judíos, de forma que pudiesen ser comprendidas de distintas maneras.

Un mes después, en una conferencia de planificación, Hitler afirmó que había que aniquilar a cualquiera que se interpusiese en el camino de Alemania.155

Un mensaje del 1 de agosto de Heinrich Müller, jefe de la Gestapo, indicaba que había que presentar informes continuos a Hitler acerca de los trabajos de los Einsatzgruppen en el Este.156 También, a mediados del verano determinados elementos radicales del nazismo habían convencido a Goebbels de la necesidad de eliminar a los judíos de la retaguardia, de las ciudades alemanas; el primer paso fue marcarlos con una estrella amarilla, algo que Hitler aceptó a mediados de agosto.157

Todo lo anterior, y muy especialmente la actividad desarrollada por los Einsatzgruppen, se corresponde con testimonios y pruebas documentales que apuntan a que el mandato de Hitler acerca de asesinar a determinado tipo de judíos rusos (sobre todo, dependiendo de su edad y sexo) fue transmitido a los Einsatzkommandos en el mes de agosto. El asesinato generalizado, que culminaría con los fusilamientos masivos de finales de septiembre en Babi-Yar (33.771 hombres, mujeres y niños), no habría sido ordenado explícitamente por Hitler, sino que este habría dado su respaldo a una sugerencia de, probablemente, Himmler, a partir de las impresiones transmitidas por los comandantes locales que tenían a su cargo los fusilamientos.158

Por lo demás, se ha demostrado que la Wehrmacht colaboró con los Einsatzgruppen implicándose directamente en el asesinato de casi dos tercios de los prisioneros de guerra soviéticos, muchos de los cuales serían los primeros en probar las cámaras de gas de Auschwitz.159

Aproximadamente 1.300.000 judíos (más o menos la cuarta parte de todos los que murieron en el Holocausto) fueron asesinados. </ref>

A mediados de agosto, además, con esa invasión de la Unión Soviética ya en marcha, Hitler no solo insistía en la relación entre una nueva guerra mundial y la aniquilación de los judíos, sino que aceptó la deportación hacia el este de los judíos que aún quedaban en Alemania (organizada ciudad por ciudad). La situación de estos, como se refleja en los testimonios de Victor Klemperer, se había ido deteriorando con celeridad, hasta el punto de que una ley de diciembre de 1941 imponía la pena de muerte como castigo para prácticamente cualquier infracción cometida por un judío.160 A los no deportados (por ejemplo, los que vivía en matrimonios mixtos), se les sometía a trabajos forzados.

En octubre, Heydrich precisó todavía más que la deportación tenía que afectar a todos los judíos de los territorios ocupados por Alemania.

Simultáneamente, las declaraciones genocidas por parte de los jerarcas del nazismo eran frecuentes: por ejemplo, en noviembre, Alfred Rosenberg afirmaba que el objetivo de los asesinatos en masa que ya se estaban produciendo era el «exterminio biológico de toda la judería de Europa» y en diciembre Goebbels recordaba que la compasión o el arrepentimiento respecto de los judíos estaban fuera de lugar y que la guerra, desecadenada por ellos, los había sumido en «un proceso gradual de aniquilación».161

Así, pues, a finales de 1941 se estaba aplicando un programa de exterminio, en el que intervenían tanto las autoridades militares alemanas, como la policía, las SS, las milicias locales y los administradores civiles de los distintos territorios. Sin embargo, estaba también claro que la intensidad reclamada por Himmler no se podía alcanzar a base, sobre todo, de los fusilamientos en masa. Por otro lado,

quienes estaban al mando de los grupos operativos se quejaban de que los continuos fusilamientos en masa de mujeres, y niños indefensos estaban creando una tensión intolerable en sus hombres. (...) muchos integrantes [de los mismos, según contó un alto mando de las SS,] «incapaces de seguir soportando caminar en medio de la sangre, se habían suicidado. Algunos se habían vuelto locos incluso. La mayoría (...) tenía que apoyarse en el alcohol para realizar su espantoso cometido».162

La alternativa puesta en práctica de inmediato fue el gaseamiento, que se había estado aplicando hasta agosto de 1941 en la operación de eutanasia T-4. El doctor August Becker, que se describía como «especialista en los procesos de gaseamiento utilizados en el exterminio de los enfermos mentales», junto con otro personal de dicha operación, fue trasladado por Himmler a la Oficina Central de Seguridad del Reich en Berlín. Por su parte, Albert Widmann, el inventor de la cámara de gas estándar que había sido empleada en el programa de eutanasia, estuvo colaborando en el este para asesinar a enfermos mentales bombeando monóxido de carbono al interior de habitaciones; como resultado de su presencia, Arthur Nebe, jefe del grupo operativo B de la zona de Minsk y Mogilev, ideó el uso de una camioneta herméticamente cerrada en la que se introducía los gases de su tubo de escape, mecanismo de asesinato aprobado por Heydrich.163

Himmler aprobó en octubre la construcción en Belzec de un campo que sirviese de base para las camionetas de gas; también en Chelmno se estableció otro centro similar, de donde salían las tres camionetas que se utilizaban para asesinar a los judíos (y gitanos, también) transportados desde el gueto de Lódź, con el objeto de ir dejando sitio, como en otros guetos, para los judíos que iban llegando desde todas partes de Europa. Estas camionetas podían matar a 50 personas a la vez durante el trayecto de 16 km entre el gueto y el campo, donde eran enterradas en zanjas. Por este procedimiento, en Chelmno fueron asesinadas 360.000 personas.164 A finales de 1941 los cuatro grupos operativos estaban empleando un total de unas 30 camionetas. También en Serbia se hizo uso de una camioneta de gas; a principios de mayo de 1942, más de 7500 judíos habían muerto en ella.

En diciembre de ese mismo año, los dos millones y medio de judíos del Gobierno General eran ya una preocupación real para los dirigentes nazis. Y, en este sentido, alguno de ellos, como Hans Frank ya hablaba de la «necesidad de tomar medidas que de algún modo conduzcan a lograr su aniquilación en sintonía con otras medidas» que habrían de tomarse desde el Reich.165

 

Escribir comentario

Comentarios: 0